Reflexiones

En la gestión de tu negocio, es totalmente normal que, a la hora de abordar el diseño de tu planteamiento estratégico empresarial, tiendas a centrar el foco en todos aquellos instrumentos que pueden ayudarte a incrementar tus ventas, a partir del crecimiento de tu cartera de clientes o de la intensificación del volumen de pedidos que realiza cada uno de tus clientes actuales.
El apalancamiento financiero constituye, sin lugar a dudas, una de las prácticas más habituales en lo que se refiere a las estrategias de financiación del tejido empresarial y productivo en nuestro país.
Cuando decides poner en marcha un proyecto empresarial es lógico que centres todos tus esfuerzos en conseguir crecimiento y consolidación a medio y largo plazo, garantizando así su supervivencia y competitividad dentro de tu sector de actividad.
A lo largo de nuestra vida nos solemos encontrar ante momentos en los que, quizás llevados por nuestro estado de ánimo o por los obstáculos que se presentan a nuestro alrededor, olvidamos, en cierto modo nuestro protagonismo activo y real en cuanto a nuestra influencia sobre lo que sucede en nuestro entorno.

La composición del tejido empresarial y el peso específico que en él tienen microempresas y pymes, unido al cada vez más complejo entramado contable y fiscal, dan lugar en demasiadas ocasiones a un círculo vicioso en el que los datos económicos de la actividad terminan...

En estos días estamos revisando los pre-cierres de nuestros clientes y nos encontramos con múltiples casuísticas: quienes han aumentado ventas y bajado rentabilidad, bajado ventas y mantenido rentabilidad, bajado ventas y rentabilidad, ventas hibernadas desde marzo y costes reducidos a la mínima expresión...

Desde que iniciamos nuestra singladura allá por 2012, uno de nuestros propósitos ha sido trasladar a los clientes ideas y conceptos que permitieran una rápida adaptación de sus negocios a un entorno cada vez más dinámico (casi histérico, si a 2020 nos referimos).